Eco, la química y las groupies

En ocasión de la presentación de su ultima novela “El cementerio de Praga” (Lumen-Random House/Rosa dels Vents-Grup62)  Umberto Eco participó  el pasado miércoles, en la conversación organizada  en la biblioteca Jaume Fuster   con la periodista Mònica Terribas.

“El cementerio de Praga” ha despertado varias reacciones por el antisemitismo de su protagonista.  Irónicamente las criticas  más severas llegan desde aquella misma Iglesia que promovió, como recuerda el semiólogo, la difusión de ideas antisemitas.

Criticas  en el fondo estériles  que, como suele pasar, aumentan el interés alrededor de la obra  que en realidad,  reconstruye el nacimiento del pensamiento antisemita, a partir de sus orígenes con los  protocolos de los sabios de Sion, panfleto anti- judíos y  celebérrimo falso histórico.

Una novela que vuelve a recorrer  conspiraciones e intrigas del siglo XIX, al estilo  del más clásico feuilleton.

La charla como me esperaba resultó muy agradable: la  periodista conocía  muy bien a la novela -casi mejor que el mismo autor –  y  Umberto Eco es lo de siempre: un erudita irónico, inteligente y con una justa dosis de cinismo.

Previsible la  pregunta sobre la situación política italiana y Berlusconi. Eco ha contestado  sin perder su sarcasmo: “Estoy seguro, que si escribiera un tratado de química me preguntarían algo de Berlusconi. Tal vez escribiendo un libro sobre Berlusconi me harán preguntas de química” afirmaba irónicamente el escritor para luego  exponer su pensamiento sobre el  declive de la democracia representativa, con la claridad que siempre caracteriza su oración.

No podía faltar un momento de  “tensión”: los primeros minutos fueron marcados por unos…digamos “abuelitos” (sí porque el rango de  edad del publico en estas ocasiones  suele ser bastante alto) gritando en contra de la pobre periodista que llegó con un  ligero  retrazo (un cuarto de hora,  avisando  y  disculpándose más de una  vez).

Será que la presencia del escritor siempre enciende los ánimos.

Hace unos años en Bolonia,  cuando el profesor junto con  Gérard Depardieu leía “Las confesiones de San Agustín” recuerdo que ni el frío y la nieve que empezaba a caer con fuerza sobre la ciudad, paralizándola como de costumbre,  pararon a los seguidores del escritor ( y del actor por supuesto), que intentaban entrar a toda costa aunque  ya no quedaban plazas disponibles.

Una situación digna de la mejor estrella del rock y no hay que maravillarse porque Umberto,  con o  sin barba,  tiene muchas seguidoras:   tranquilas señoras “over 50”  por fuera y  ¡desatadas groupies por dentro!

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